Clara como el día tu fugaz presencia me inunda mientras tú, sin saber de ti, cruzas alegre por mi vida.

Sincera y holgada a cada instante, alentas los esfuerzos de mi alma con tu presencia infinita.

Sin conocerte espero, más aún, te anhelo y al marrón de tus ojos me entrego generoso, mientras tú, sonrisa plena, labios finos, rubor sincero, a cada gesto dulce compartes tu alma.

Rostro sencillo, precioso, voz cálida al arrullo de la noche, crujido cómplice de las hojas de otoño, cuerpo grácil de dama.

 

Sin saber de ti tu presencia se despliega al batir de las olas, y al anuncio de la noche, el partir de tu presencia no es triste, mas es gozo.

 

Pues al partir se regresa, y los momentos breves en tu presencia, instantes robados al alba, vuelven sin irse cada jornada.

 

Sin saber de ti tu presencia te llama, alma generosa, ángel de vidas ajenas, presta y calma, tu presencia te llama…

Tras la dorada luz del ocaso, entre los caños oxidados de una fuente vieja, se me escapó la vida una tarde de otoño.

La brisa suave, rojiza , cargada de polvo y polen, se desplegó ante mi con ironía, riendo la última escena de aquella miserable obra.

Y así la vida me dejaba, hastiada de mi sopor, dama regia y digna, dama vieja, quedándome tan solo la opacidad extraña de una luz ajena.

Luz mortecina, oblicua y sucia, luz crispada de tanto brillar, luz cegadora y doliente ante los ojos cansados de un moribundo.

Entre los caños oxidados de una fuente vieja  se me iba la vida, veloz como el agua, al ritmo inexorable y lento del sol poniente.

La vida se me  iba y yo la dejaba caer, pesada y rígida, sobre la losa de piedra desgastada y fría de la fuente vieja.

Ring ring ring, el teléfono resuena y al descolgar nadie hablaba

Ring ring ring, ni en el fijo ni en el móvil, por respuesta la callada

Ring rin ring, qué molestia qué sopor ¿quién será que nada dice?

Ring ring ring, odioso soniquete, que alguien de encima me lo quite

Ring ring ring ¿y si en mi cabeza está? ¿Dígame, con quién tengo el placer de hablar?

Ring ring ring, aquí Dios, ¿acaso eres sordo, porqué tardas en contestar?

Ring ring ring, que enorme  privilegio el creador en mi cabeza

Ring ring ring, so memo no soy tu Dios, crédulo y tonto animal

Ring ring ring, que fastido algo va mal en mi cerebral corteza

Ring ring ring, ni dios, ni tierra, ni nada, es la locura ancestal

Ring ring ring, abrócheme la camisa y acolche mi habitación

Ring ring ring, que de tanto tono escuchar he perdido la razón