Jefe SeathlGrandes palabras han sido pronunciadas o escritas a lo largo del tiempo y a mi, Tuz Kutimon el del nombre grosero, siempre me ha apasionado el discurso que pronunció el indio Seathl (o Seathle o Seattle), jefe de las tribus de los Suquamish y de los Duwamish, en marzo de 1854 como respuesta a la oferta que el presidente de los EE.UU. hizo para comprar las tierras de su tribu y convertirlas en reserva.

La verdad es que actualmente nadie sabe con certeza que es lo que Seathl dijo ya que pronunció su discurso en Lushootseed, su lengua materna, alguien lo tradujo al Chinook, lengua más común y habitual entre las tribus para comerciar y de ahí fue traducido al inglés. Años más tarde un tal Henry A. Smith escribió, a partir de esa traducción inglesa, la versión que ha llegado hasta nosotros, comunmente conocida como “carta del indio”, que tal vez no sea demasiado fiel al original y que, seguro, fue convenientemente adornada para acoplarla a esa visión idílica que la sociedad occidental tiene (y ya tenía en el siglo XIX, tras casi exterminarlos) de los nativos americanos.  No por ello deja de ser un discurso hermoso, plagado de sentimentalismo y que, en parte, plasma la realidad de la relación de los indios con la Tierra.

He aquí un extracto del mismo, si aún no lo habéis leído os recomiendo hacerlo, merece la pena: “No lo puedo entender, vuestras ciuades hieren los ojos del hombre piel roja. Quizá sea porque somos salvajes y no podemos entenderlo. No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda escuchar en la primavera el despliegue de las hojas o el rumor de las alas de un insecto. Quizá es que soy un salvaje y no comprendo bien las cosas. El ruído de la ciudad es un insulto para el oído. Y yo me pregunto ¿qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de una garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la charca?. Soy un piél roja y no lo puedo entender”

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