Mientras el anciano agonizaba en su estrecha y maltrecha cama, apenas cubierto por un pedazo de tela descolorida y deprimente, no dejaba de hablar de la soledad. No crean que el buen hombre se quejaba de estar solo no, nada de eso, lo que hacía mas bien era echar sapos y culebras por la boca maldiciendo todo el dolor que había tenido que soportar al ir perdiendo a todas y cada una de las personas que había amado a lo largo de su larga, larguísima más bien pues había cumplido los 208 apenas una semana antes, vida. Tras más de dos siglos vagando por aquel oscuro mundo que habitaba, lo de oscuro es por que el Sol de aquel sistema quedaba tan lejos que apenas era más brillante que el resto de estrellas del firmamento, llamarlo Sol de hecho era un patético eufemismo, Solecito o Mini sol hubieran sido denominaciones mucho más adecuadas, el caso es que como digo, el anciano había visto llegar e irse a todo y todos a los que había amado y ahora, en el último momento parecía arrepentirse de ello.

– ¿Qué porqué? – el sonido ronco de su respiración no ocultó el cabreo que el moribundo llevaba encima – Señor Kutimon, ¿sabe usted lo que es vivir 208 años y ver morir a todos?

– Pero seguro que se alegra de haber conocido a tanta gente, buenos amigos, su esposa, sus hermanos…

– A todos – gritó fuera de si el viejales – A todos señor mío. Es horrible quedarse el último, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Menos mal que el pobre también murió hace un par de años, al final resultó ser el más solidario y el que más aguantó conmigo – un lágrima le rodó por la mejilla izquierda – 180 años siendo enemigos y es al que más echo de menos, maldito bastardo.

– ¿Y que hubiera preferido usted, estar sólo toda la vida para no perder a nadie?

– Vaya, parece que al fin y al cabo no es usted tonto – se le iba la vida por momentos – Eso mismo hubiera preferido señor Kutimon, vivir solo, estar solo, ser solo. No tener nada ni a nadie. Si no tienes, no pierdes señor Kutimon.

– No me convence anciano.

– ¿Y a mi que carajo me importa si le convenzo o no? Usted me ha preguntado y yo le respondo. Váyase de aquí y déjeme morir tranquilo.

– No se puede vivir solo señor –  insistí en mi afirmación

– ¿Ah no señor Kutimon? – me miró fijamente con unos ojos amarillentos por la enfermedad, ojos de moribundo – ¿Cuanta gente le acompaña en sus viajes amigo mío? ¿Hay acaso algún lugar al que pueda llamar hogar y al que pueda volver? ¿Lleva a alguien en su corazón señor Kutimon? Déjeme que responda por usted. No. Es usted mi ídolo señor mío, mi ídolo.

Tenía razón el condenado anciano. Tal vez, sólo tal vez, mi amor por la soledad, el hecho de disfrutar con mi única compañía de la vida, no era más que un espejismo que ocultaba el terrible temor a atarse a la gente para luego, antes o después, perderla. Lo cierto es que en mis viajes raramente me despido de las personas a las que conozco, no me gusta, odio despedirme, es algo superior a mis fuerzas y si lo hago es con un simple hasta pronto como si fuera a verlos al día siguiente.

Despedirse duele y no se me ocurre nada más doloroso que despedirse de alguien, esposa o amigo, tras una larga y hermosa vida juntos. Aún así el viejo que se moría me había abierto los ojos. Él hubiera deseado ser como yo, pero había disfrutado del amor y la compañía de un sinfín de seres queridos, en cambio yo estaba solo. Más solo que la Luna. Feliz pero solo, sin nadie con quien compartir mis deseos, mis temores o mis sentimientos más íntimos. No me permitía el lujo de amar ¿Acaso eso estaba mal? Siento decir que aún hoy, muchos meses después de que el buen anciano falleciera, sigo dándole vueltas al asunto y no puedo ofrecer una respuesta sincera así que continúo viviendo en la creencia de que la soledad no es mala si es por elección propia. La pregunta, supongo, es ¿existe tal cosa? ¿somos los seres humanos capaces de tomar decisiones por voluntad propia? ¿Elegimos estar solos o acompañados o es la vida la que elige por nosotros? Tal vez si hubiera hecho el curso por correspondencia de Filosofía existencial habría sabido responder a tanta y tan desconcertante pregunta pero de momento soy incapaz de hacerlo. Otro día será.

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